Fomentar la honestidad

La honestidad es un valor que se aprende. Decir a los hijos porqué queremos que hagan algo o por qué no pueden hacer algo, hará que tengamos una relación más auténtica y basada en la verdad.

Solemos utilizar mentiras banales del tipo ” hoy están los columpios cerrados” o “se han acabado los helados” en lugar de ser sinceros.

No tenemos que serlo siempre ni en todos los momentos pero la sinceridad, explicarles a los niños los motivos reales de porque no queremos que tomen coca cola o se compren otro globo más o tomen gusanitos hará que no sólo conozcan las razones sino que se construya una relación de sinceridad entre nosotros y ellos que, si seguimos fomentando, crecerá y creará un vínculo de confianza.

Explica a tus hijos las razones de tus acciones o respuestas adecuándote a su edad y conocimientos pero siendo sincero.

La sinceridad es un valor que admiramos y pedimos a los adultos e incluso a los niños, entonces ¿por qué no ofrecérsela también a ellos? ¿por qué mentirles en situaciones o cosas que tienen una explicación que ellos pueden comprender? Hay muchas buenas razones para mentirles. No tienen por qué saber exactamente el estado de cuentas familiar, o por qué papá y el abuelo no se llevan bien. Ya habrá tiempo para explicar esas cuestiones.

No es necesario contarles todo lo que ocurre y menos si pensamos que no lo entenderán o podrán asimilar

Pero hay otras que son entendibles y asimilables por ellos, de manera que, si queremos hijos sinceros, si queremos que nuestros hijos confíen en nosotros y sean sinceros deberemos serlo nosotros con ellos, porque se aprende del ejemplo.

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